Cuando la voz del arte supera el sonido de la guerra

Miguel Saludes

La frontera común entre Colombia y Venezuela volvió a ser noticia el pasado 17 de marzo, pero en esta ocasión el sonido de las trompetas traía música verdadera y no el estridente anuncio de la guerra. La idea propuesta por el popular cantautor colombiano Juanes, contó con el apoyo de varios artistas de amplio reconocimiento internacional. Miguel Bosé, Juan Luis Guerra, Alejandro Sanz, Carlos Vives, Ricardo Montaner y el ecuatoriano Juan Fernando Velasco, se dieron cita en el puente Simón Bolívar, que comunica a los dos países. Ante 60 mil espectadores provenientes de ambos lados de la frontera común, ofrecieron un memorable concierto.

Carlos Vives pidió la liberación de los rehenes en poder de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El ecuatoriano Velasco manifestó su alegría al sentirse en un lugar donde las barreras imaginarias habían dejado de ser necesarias. En tanto Alejandro Sanz dijo que la mejor prueba de que los pueblos no quieren la guerra la estaba dando el público que coreaba Corazón partío.

La movilización de diez batallones a pedido del presidente Hugo Chávez durante la reciente crisis con Colombia, pasará con más penas que glorias y solo provocó el rechazo. En contraste la convocatoria de Juanes, sostenida en el poder de los instrumentos musicales y las voces de los cantantes, logró fundir la zona limítrofe en un abrazo pacífico. Ni siquiera el repertorio escogido por los participantes enfocó machaconamente la problemática que les convocara en este agreste paraje. Los artistas deleitaron a sus seguidores con el repertorio que les ha hecho conocidos, sabedores que las obras del odio se resquebrajan ante el sortilegio del amor.

La idea no es nueva ni única. Varía de acuerdo al lugar donde se produce y al matiz doctrinario de quienes la patrocinan. En Cuba se ha materializado durante largo tiempo en las llamadas tribunas anti-imperialistas, con objetivo meramente propagandístico. Pero ni siquiera ese escenario ha podido ser dominado completamente por los que pretenden politizar la vida. Desmarcándose de los contenidos puramente ideológicos, algunos han logrado sobreponer dentro de este ambiente adverso, la estética del arte y el gusto común de la gente.

Las diferencias que marcan a los eventos auspiciados a la sombra de sistemas autoritarios, saltan a la vista. A finales del 2007 se promocionó una movilización mundial en favor de la liberación de los rehenes en poder de las FARC. La iniciativa nombrada Una luz para Colombia quedó abierta en ese sufrido país el 19 de octubre, con la participación de Cheo Feliciano, Ismael Miranda, junto a las agrupaciones colombianas 33 y Guayacán.  La segunda edición, programada para efectuarse en Caracas a la semana siguiente, no corrió con la misma suerte. La idea se apagó en medio de los enfrentamientos que sostenía Hugo Chávez con la sociedad civil de su país. Postergado hasta noviembre, el concierto nunca se produjo.

La versión caraqueña incluía la presencia de Silvio Rodríguez, Maná, Gilberto Santa Rosa y Juan Luis Guerra. De estos solamente el compositor dominicano unió su canto junto a Juanes en las riveras del Táchira. El trovador cubano ni siquiera manifestó interés por unirse a la más reciente iniciativa en pro de la paz y la unidad latinoamericana. Tal vez con su participación la prensa cubana hubiera dedicado algún párrafo a este acontecimiento, ignorado por los medios de la Isla. Ocurre que los tiempos no acompañan la estrategia adoptada para aislar al pueblo cubano de lo que acontece en el exterior. No faltarán grabaciones que lleven a los hogares este acto profundamente humanista que antepuso el lenguaje universal de la poesía al de los sermones políticos.

El mega concierto ha sido blanco de varias críticas. Unos dicen que resultó un esfuerzo inútil. Otros que ha sido un alarde de espiritualidad, con la que no se puede resolver el grave problema que suponen las guerrillas. La proclamación de igualdad hecha por alguno de los concertistas ha sido tildada de falsa e irreal. Pero uno de los detalles más controversiales fue el pedido que hicieran los organizadores al Presidente Álvaro Uribe para que no estuviera presente, para evitar cualquier tonalidad política en la concreción del proyecto. Un detalle contrastante en los  actos organizados al calor de la democracia es el rol secundario que se asigna a los representantes oficiales. Una petición de ese tipo sería inaudita en los predios de los gobiernos totalitarios, que ni se molestan en pedir permiso para presidir cualquier espectáculo que sirva para sus fines.

No obstante los juicios adversos, incluso la violación de la neutralidad por parte de la vocinglería chavista que no perdió la oportunidad de tratar de robar cámaras en el escenario, este esfuerzo valió por sí mismo. Al subir a la tarima improvisada, Juanes reafirmó el deseo de fraternidad para toda la región envuelta en tan penoso conflicto. El cantautor dejó un claro mensaje con sus palabras. Colombia jamás tendrá paz si no la tienen Venezuela y Ecuador. Una concordia a la que deben contribuir los gobiernos vecinos, algo que será muy dudoso mientras continúe en marcha el designio conflictivo encabezado por Hugo Chávez.

Una respuesta para “Cuando la voz del arte supera el sonido de la guerra”

  1. Eduardo Mesa Dice:

    Me alegra ver tus trabajos en la red,

    un abrazo,

    Eduardo Mesa

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