Archivo de Mayo 2008

Detalles que no pueden obviarse para edificar la posibilidad

Mayo 30, 2008

 

 

Miguel Saludes

 

 

El último número de la revista Espacio Laical, que publica la Arquidiócesis de La Habana, incluye un extenso escrito en la sección “Tema Polémico”, donde se señala a Raúl Castro como el único en capacidad de producir cambios graduales, dramáticos y profundos en la Isla.

 

El escrito firmado por Lenier González Mederos, vice editor de la publicación, acaparó la atención de numerosos medios externos. Pese a coincidir con la mayor parte del contenido, en el mismo aparecen puntos divergentes en ciertos enfoques.   

 

Entre los factores que facilitan al General Castro abrir otros horizontes para Cuba, el autor señala la  inexistencia de una oposición pujante y articulada, capaz de convertirse en vector influyente sobre el gobierno, con una propuesta alternativa de cambios que motiven a la ciudadanía. Minimizar a la oposición y restar importancia a sus esfuerzos es una tendencia que se observa desde hace tiempo en ciertos sectores de la sociedad cubana. Si por una parte es cierto que la disidencia no cuenta con la misma fuerza que tuvieran movimientos civiles en otros países comunistas, ello se debe en primer lugar a la acción del gobierno en su afán por aplastarla, así como a la falta de respaldo y reconocimiento de otros actores de la vida social, que han optado más bien por observar, callar y esperar. No es cierto que la disidencia no haya presentado alternativas de propuesta. El Proyecto Varela es una de ellas.

 

No es criticable que los dignatarios de la Iglesia prefieran poner su voto de confianza junto con los intelectuales a favor de la nueva autoridad. Tampoco que aspiren a un cambio gradual en el país bajo la guía del sucesor designado desde hace años para el caso de una contingencia como la ocurrida. Lo reprochable es que se omita mencionar un paso prioritario que debe dar el nuevo gobierno para ganarse el favor del crédito. La liberación incondicional de los presos de conciencia no aparece ni una sola vez en el escrito. Esta herida, que no pertenece al pasado lejano, sigue abierta en las familias que sufren por la separación injusta y el tiempo irrecuperable perdido en el encierro. Esos presos, a veces ignorados, lo están por ser mediadores pujantes de los cambios que hoy algunos avizoran muy cercanos y otros se resisten a imaginar. No dudo que la Iglesia, en su discreta comunicación con el gobierno cubano, haya instado sobre esta cuestión emergente, que debe ser corregida. Pero no dejaría de ser saludable un pronunciamiento claro al respecto. 

 

Lenier González subraya la importancia que tendría la implicación de todos los cubanos en los posibles cambios. La lógica inclusiva no puede prescindir del aporte que representa el exilio. Un paso positivo en ese sentido sería poner fin al ominoso destierro que de alguna manera se asoma en los permisos de entrada o residencia que los cubanos deben obtener para ir a su país. A esto debe seguir la disposición al sostenimiento del diálogo entre todos los componentes de la nación, de dentro y de fuera, dispuestos a concertar soluciones que coloquen como centro el proyecto martiano de Patria. Propuestas y disposición existen. Solo hay que abrir las puertas.

 

Responsabilizar al exilio del distanciamiento y de la falta de voluntad para conversar con su contraparte, manifiesta cierto desconocimiento, consciente o no, del avance observado en este escenario. El grado de madurez alcanzado en un núcleo creciente de exiliados se verifica en varias propuestas constructivas que no quieren ser escuchadas en la otra orilla. No basta con seguir acusando de mafiosos, vende patrias, asalariados del imperio a personas que han demostrado tener sentido de su pertenencia raigal, dejando a un lado cuestiones ideológicas. El reconocimiento de su legitimidad va a la par del solicitado para las actuales figuras de gobierno.

 

Por otra parte la apreciación de los eventos internos como una conexión subversiva estimulada desde Estados Unidos no siempre es real. Los inmovilistas del régimen han utilizado, en no pocas ocasiones, ese concepto en su discurso contra todo lo que significa cambios. Las revistas soviéticas fueron sacadas de circulación por dedicar espacio a la subversiva perestroika.  Acto subversivo se considera la protesta de un grupo de mujeres que exigen la liberación de sus presos. Las páginas de Espacios, antecesora de la actual revista Espacio Laical, fueron juzgadas de subversivas. De la misma manera se adjetivó el trabajo desarrollado por el Centro Cívico Religioso en Pinar del Río y Vitral.  Hasta la Unión Europea ha sido acusada de lo mismo cuando expresa términos democráticos para Cuba.

 

Las expectativas levantadas en torno a la figura de Raúl Castro se fundamentan en una realidad. Varios gobiernos e instituciones internacionales, como dice Mederos, confían en su gestión y toman en serio sus promesas. En caso de que los garantes del crédito vean estas esperanzas defraudadas, su opinión no tendrá gran peso en el círculo de poder. La intelectualidad, las iglesias y la comunidad internacional, no constituyeron un elemento de peso a tener en cuenta por quienes condujeron el proceso revolucionario cubano hacia una dictadura. Más preocupante sería la reacción de la ciudadanía, que como bien indica el articulista, tendría un costo que lo hace indeseable para todos.

 

La edificación de la sociedad democrática en Cuba no es un imposible en la actual coyuntura. En esa obra hay que sumar el aporte de todos los constructores. La negativa a escuchar, intercambiar ideas y abrir espacios de comunicación, son errores que pueden dar al traste con la propuesta. Igualmente de negativo resulta la presunción de los que creen poseer la verdad absoluta o el derecho a actuar como interlocutores predestinados. Humildad y consenso deben ser palabras distintivas de los que procuran la infinidad del cambio para Cuba.  

Rostros y caminos diferentes en el destino único de Cuba

Mayo 26, 2008

 

Miguel Saludes

Aunque Fidel Castro no ha desaparecido físicamente del panorama, su ausencia es cada vez menos notoria. Raúl, en su rol de gobernante interino, no parece muy proclive a acaparar las planas de la noticia como lo hiciera su hermano. A ese espacio se han ido asomando rostros diferentes de la vida socio-política y cultural del país. Unos son conocidos y otros aparecen de manera vertiginosa.

 

Dos de esas figuras, alejadas generacionalmente pero con identidades que les hacen humanamente próximas, fueron merecedoras de importantes premios. El laureado de más edad, y el más conocido, resultó ser el padre Carlos Manuel de Céspedes, galardonado con La Encomienda de Número Oficial de la Orden de Isabel la Católica, que otorga el reino español. Además de relevante personalidad de la Iglesia Católica, el profesor del Seminario San Carlos y San Ambrosio y miembro de la Academia Cubana de la Lengua, atesora valores que lo hacen digno de todo homenaje.

 

En Cuba, además de los medios eclesiales, el acontecimiento se divulgó por las ondas de Habana Radio,  una emisora que apenas se escucha en el ámbito del Casco Histórico de la ciudad y que es patrocinada por la institución que dirige Eusebio Leal. En el exterior del país algunas voces se alzaron para criticar al distinguido compatriota. Esgrimen entre sus argumentos que Monseñor no ha hecho nada por la libertad de la Isla.  Otros señalan como elemento negativo, sus criterios favorables hacia el ex gobernante Castro, algo que hizo siempre de manera pública en los espacios de la Iglesia.  Olvidan que Carlos Manuel, además de ser hombre de fe, se caracteriza por su honradez moral y amplia cultura. Desde su posición como pastor ha sido cercano a todos, incluso a quienes manifiestan posturas discordantes con el sistema político vigente.

 

La otra fisonomía que resalta en las noticias de estos días es la de una joven cubana graduada en filología. Yoanis Sánchez logró convertir su blogg en la esquina caliente del ciber espacio nacional. Allí confluyen opiniones y criterios discrepantes, creando una zona de libre expresión para quienes viven en la Isla y fuera de ella. Por su iniciativa Yoanis recibió el premio Ortega y Gasset del periódico El País en la categoría digital.  

 

Yoanis, aunque mimada por la atención de los medios internacionales, también ha sido diana de severos ataques. Cuando se tiene tiempo y paciencia para leer los mensajes colocados en Generación Y, la mayoría anónimos no obstante su procedencia del llamado mundo libre, podemos percatarnos de muchas coincidencias en las diatribas destinadas a la blogguera. En ellas se aprecia el resentimiento contenido de los que a pesar de ensalzar lo alcanzado en sus vidas, exteriorizan la amargura que significa el exilio.

 

Por su parte no pocos admiradores del trabajo de la joven caen en extremos al destacar las dificultades que ella enfrenta en su trabajo. Para los de este grupo resulta imprescindible que se produzcan hechos que confirmen sus expectativas pesimistas.  Si el blogg saliera sin mayores problemas, es probable que su interés en este proyecto ya no fuera el mismo. Las autoridades de inmigración cubanas se encargaron de que esto no ocurriera por ahora, al impedir el viaje de la galardonada a Madrid.

 

Para el gobierno de Raúl Castro esta premiación no es un grave problema. Ni siquiera que la revista Time haya considerado a Yoanis entre las personalidades del año. Más bien pueden ser argumentos a su favor contra las denuncias de que en Cuba la gente no puede opinar. Sin tener que conceder mucho espacio, ni pretender negar que exista limitación a las libertades o justificar las barreras que todavía se alzan en este terreno, el fenómeno del blogg puede ser mostrado como señal de una voluntad aperturista en la nueva dirección. ¿Realmente fue un error del gobierno cubano el no dejar salir a la muchacha o se busca algo más con la prohibición?

 

Dividir y debilitar pudiera ser la respuesta. La prensa y algunas voces altisonantes que se alimentan del sensacionalismo noticioso, contribuyen a la maniobra. Los especialistas de la discordia saben bien como mover los hilos que señalan a Yoanis como la única crítica al régimen, que se atreve a escribir desde la Isla sin ocultar su identidad. Los cintillos no dudan en anunciar el gran combate entre el General Raúl y la audaz ciudadana. Con este tipo de crónicas no solo se pone en riesgo la idea, sino que se ayuda a levantar una nueva piedra en el camino. Se trata de la suspicacia de quienes, que con razón, recuerdan que dentro del país existen decenas de periodistas que desde casi una década enfrentan represalias, expulsiones de trabajos y hasta la cárcel por emitir su criterio. Ellos lo han hecho igualmente sin esconder su identidad.

 

Centrarse en explicar los motivos para conceder permisos de salida o entrada al país, a las limitaciones y prohibiciones que pesan sobre unos frente a la brecha abierta para otros y a tantas maneras de actuar ante diferentes proyectos, no debe ser la prioridad. Dedicar tiempo a esos detalles es desperdiciar energías necesarias para una obra mayor.   

 

Como bien reconoce el amigo Luis Cino en uno de sus trabajos publicado en Cubanet,  Yoanis ha hecho un trabajo de calidad, donde ha comprometido su nombre sin ambigüedades. Declarase disidente no ha sido su prioridad. Monseñor de Céspedes tomó la pluma para escribir preferentemente sobre historia, nuestras luchas patrias, arte, cultura y las buenas costumbres. Ambos quisieron y pudieron hacerlo desde dentro. Merecen el reconocimiento por ello. Cada quien aporta su mejor semilla a la cosecha. En momentos en que el futuro se abre no podemos darnos el lujo de aceptar confrontaciones destructivas contra los que de una manera u otra, en diferentes etapas, por diversas vías, hacen posible el arribo de la primavera real.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Notas para una expedición

Mayo 26, 2008

 

Miguel Saludes

 

A finales de los ochenta visitó Cuba una comisión de relatoría de la ONU para testificar violaciones de derechos humanos. Por aquellos días las puertas del Combinado del Este de La Habana se abrieron a unas visitas poco usuales. Jóvenes escogidos fueron llevados al lugar para que vieran, y transmitieran, lo bien que se la pasaban los presos en el afamado reclusorio. Contaba una amiga a su  regreso del paseo sobre el ambiente acogedor de los cubículos habitados por parejas homosexuales. Sus adornos, perfumes y hasta alguna alfombra en el suelo. Después sobre el comportamiento educado de los presos cuando compartieron juntos un filme marcado con tres advertencias clásicas del cine para adultos. Mi amiga se extrañó que aquellos hombres jamás le lanzaran ni siquiera una mirada. Es de aclarar que la joven estaba dotada de un rostro y cuerpo de belleza excepcional.   

 

Pero la realidad del mundo carcelario cubano es bien diferente. Los testimonios continúan nutriendo cartas y denuncias, aunque el mundo prefiera escuchar versiones más agradables. Y para complacencia de esos oídos acaba de concluir la Expedición encabezada por Silvio Rodríguez a una decena de recintos penitenciarios en todo el país. La delegación compuesta por varios artistas llevó centenares de reclusos manifestaciones de música, pintura y literatura en una gira que culminó el pasado 28 de abril en la Isla de la Juventud.  

 

Silvio, propulsor de la propuesta, manifestó a la prensa sus impresiones sobre la inusual concurrencia ante la que actuó en varias ocasiones. Los medios oficiales siguieron el recorrido, destacando algunos detalles como las entregas de libros hechas por Reynaldo González, premio nacional de literatura, o el mural a tres manos hecho por  Alexis Leyva Machado (Kcho), Ernesto Rancaño y Vicente Hernández en el penal pinero.   

«Somos artistas y ustedes son parte de nuestro pueblo. Aquí estamos para brindarles lo que sabemos hacer», dijo Silvio Rodríguez a los reclusos, antes de comenzar a cantarles algunas de sus más conocidas y gustadas canciones. No se conoce el repertorio escogido por el trovador. Además de El Necio y Cita con Ángeles, únicas mencionadas por los cronistas, son de su autoría En mi acera, Ojala o Unicornio, tal vez poco apropiadas para esta gira.

La iniciativa de llevar cultura a los presos tiene antecedentes en la historia penitencial cubana. Precisamente quienes hoy sustentan el poder en el país una vez se beneficiaron de proyectos dignificadores para los presos, auspiciados por la Iglesia Católica, en particular por los padres Paúles y las Hijas de la Caridad. Hoy alaban los doscientos títulos promedio que se entregaron en cada centro visitado por la comitiva, pero en los albores del sesenta miles de volúmenes recolectados por el esfuerzo de sacerdotes y religiosas, así como el trabajo de los propios presos que confeccionaron los muebles de aquellas bibliotecas fueron desaparecidos de la Cabaña, el Príncipe y el resto de los contados penales que existían diseminados en la Isla.

 

Muchos años después la Iglesia cubana reinició el viejo proyecto a nivel de todas las diócesis. La pastoral Carcelaria, una vez más bajo el patrocinio de los discípulos de San Vicente y Santa Luisa de Marillac, cobró vida. Libros, intercambio epistolar, ayuda alimenticia y de medicinas, así como una catequesis primaria, llegó como brisa fresca a los penales. Pero de esta obra no es la que interesa a la propaganda gubernamental.

Al concluir la gira Silvio Rodríguez declaró su satisfacción y sorpresa por la atención que provocó el recorrido. Según sus palabras, no esperaba levantar tantas “ronchas” entre los que catalogó de enemigos, por el simple hecho de ir a cantar a una cárcel.  Se equivoca el cantautor. No son las buenas acciones de la propuesta las que despiertan críticas, sino los actos que la acompañan. Para la expedición de Silvio y sus colegas el presidio político no existe. Mientras recuerdan haber actuado para chilenos y sudafricanos, a este ni siquiera lo mencionan.  Tampoco vieron otras cosas o las miraron desde un prisma deformado.

Reconocer que las prisiones nacionales son modélicas en su humano tratamiento a los reclusos es denotar poca honestidad. Esa declaración fue hecha en Ariza, calvario donde estuvieron recluidos Vladimiro Roca y Regis Iglesias. Por su parte Reynaldo González expresó sus sentimientos solidarios con aquellos que a pesar de haber tenido un tropiezo, no han dejado de ser personas. No ha sido esa la visión de los carceleros, que en no pocas ocasiones han tratado a los reclusos peor que a los animales. En cuanto a los tropiezos habría que cuestionar en muchos casos la piedra que los provocó. Precisamente en el penal de Quivicán, uno de los puntos tocados por la gira, se encuentra recluido José Miguel Martínez.  Si de algo debe recuperarse este hombre ejemplar es de la triste separación forzada que desde hace cinco años lo alejó injustamente de su familia.

No es raro que los reclusos no quisieran bajarse del escenario, como observaron los expedicionarios. La realidad cotidiana que viven esos hombres explica el anhelo de apropiarse eternamente de unos breves minutos que les sirven de escape de esa historia cruda que a veces nos llega desde el interior de las cárceles. Cuando nos viene facturada como tema de un filme extranjero es capaz de volcarnos la conciencia, pero ella se encuentra en nuestro propio entorno, en casi toda la Isla. 

No obstante es positivo que se reconsidere el camino y se torne a la senda del bien, con vista a una doble re inserción. No solo son los presos los que deben ser devueltos a la sociedad. Esta también necesita ser saneada y con ella el sistema que metió en las cárceles a centenares de jóvenes, hombres, mujeres y hasta adolescentes por delitos que en realidad no merecían ese castigo. Eso sin incluir a los que han padecido a causa de su pensamiento y que nunca debieron estar en esa situación. Un capítulo que debe cerrarse para no repetirse jamás. 

 

Las Damas gestan el cambio

Mayo 26, 2008

  

 

Miguel Saludes

 

 

La más reciente demostración cívica realizada por las Damas de Blanco en Cuba, ha tenido una connotación especial. El gesto de protesta escenificado frente a las oficinas del nuevo Jefe de Estado, hizo recordar por breve espacio de tiempo el carácter y nombre original de la Plaza que fuera rebautizada como de la Revolución.

 

Las imágenes de unas mujeres sentadas en círculo sobre el asfalto, con las manos cogidas en cadena en plena vía pública, irrumpía de manera inusual en el sacrosanto espacio dedicado a rendir culto al actual sistema político cubano. Ellas solo pedían libertad para sus seres queridos, condenados a largas penas de prisión. El contraste con la expresión pacífica de las vestidas de blanco, estaba en el empeño de otras mujeres uniformadas para que las primeras abandonaran el lugar. Alones de brazos, empellones y finalmente la acción de traslado entre varias de las policías, fue la forma grotesca de reducir al grupo de Damas, y meterlas en un autobús. El cuadro se completaba con la participación vergonzosa de otras féminas. Convocadas por ese engendro nombrado Brigadas de Respuesta Rápida, las gritonas de ocasión insultaban y amenazaban a las detenidas. Estas no se quedaron calladas y respondieron con gritos de libertad las ofensas que les eran proferidas.

 

De todas maneras el gesto represivo no es lo más destacado en esta nueva jornada de la lucha cívica por reivindicar derechos políticos y de expresión. La reacción de fuerza empleada contra las Damas de Blanco tampoco debe ser vista como un signo desesperanzador. El corro de los que le hacen juego al poder es comprensible en una sociedad donde ese tipo de gestos sirve a para encubrir inclinaciones de todo tipo, incluso hasta la deslealtad hacia quienes se simula apoyar.

 

La explicación de los hechos, aparecida al día siguiente en la prensa oficial y leída en el noticiero vespertino, no podía ser más ridícula. El mismo calificativo que se utiliza contra los presos políticos, opositores y cualquiera que de alguna manera se defina contra el sistema establecido en Cuba, fue empleado para describir a las madres, esposas, hermanas y familiares de los encarcelados. Mercenario es la palabra con la que el poder pretende clasificar a todo el que osa levantar la voz en su contra. Pero aunque esas fueron las intenciones de la propaganda, otras pueden ser las lecturas.

 

Que la prensa oficial dedicara espacio a este suceso habla de su connotación. No importa cuan reducido pudo haber sido el número de las participantes, la longitud de tiempo que pudieron permanecer en el sitio o las demostraciones de apoyo hacia el gobierno tomadas por las cámaras. Incluso la acción represiva, descrita por algunos como moderada y cuidadosa, queda en un segundo plano superada por el significado de la manifestación pacífica.

 

Un punto a favor de las Damas es que para desacreditar su acción los medios tuvieron que mencionar sin tapujos el objetivo por el que ellas luchan. Que les sigan diciendo contrarrevolucionarios a los presos de conciencia es algo con lo que se debe contar cuando la referencia viene de los carceleros. Que estos justifiquen el castigo argumentando falsedades tales como actividades contra el pueblo y criterios anexionistas atribuidos a los condenados, tampoco es noticia. Buscando respaldo más bien despiertan la suspicacia entre una población que en buena medida todavía desconoce lo acontecido en el 2003.

 

Las razones por la que esos hombres fueron condenados a severas penas, están contenidas en algunos de los pasos tímidos de apertura en la vida actual del país. El acceso a determinadas tecnologías modernas de comunicación, libertad de salir y entrar de su patria, al respeto de los frutos del trabajo individual y colectivo realizado por iniciativa propia, la apertura de hoteles y lugares de disfrute a todos los nacionales, eran propósitos en la lucha de esos activistas cívicos. Igualmente la exposición de una sociedad en desplome, imágenes críticas de la realidad imperante, denuncias de arbitrariedades, corrupción y retrocesos verificados en  renglones de la salud o la educación, que hoy son acusadas en foros gubernamentales, están en el dossier de los condenados como prueba de su accionar contra revolucionario. .

 

Identificar a la mayoría con la postura grosera de un grupo de gritones, es contraproducente. La gente común no se sintió parte de los mítines de repudio desde que se iniciara esa modalidad. Los participantes, sumados en buena medida gracias a la presión del centro laboral o de estudio, vieron como el show  real lo escenifican elementos fanáticos y  oportunistas, muchos de los cuales terminaron por enrumbar hacia el norte cuando se les presentó la ocasión o fueron a dar a la cárcel por actos delictivos. Esta escenografía resulta cada vez menos creíble. Para reparar sus colores gastados ya ni siquiera es suficiente incluir en ella a personalidades políticas del exilio como Ileana Ros Lethinen  o la figura de Posada Carriles, recurso extremo para hacer asimilable la farsa.  

 

No es inusual que las fuerzas del orden traten de disolver manifestaciones públicas, aún en países de elevada tradición democrática. A veces se les va la mano y no pocos golpes. Por ello no han faltado evaluaciones positivas para el comedimiento de la policía castrista  en este último hecho. Lejos de redundar en una visión complaciente por la estrategia seguida ante las manifestantes en la Plaza, la demostración cívica implica un reto para la nueva estructura de poder en la Isla. Liberar a los presos políticos es el paso consecuente a dar.

 

Por su parte Las Damas de Blanco han anotado otro gran punto para la sociedad civil que se viene gestando desde hace años en Cuba. No importa que los comentaristas asalariados pongan énfasis en los editoriales que las denigran. Las cosas se mueven, lenta pero de manera inexorable, hacia un futuro democrático. El pasado 21 de abril se avanzó un trecho apreciable, con el gesto hecho por esas valerosas cubanas.