El 13 de julio llegó en el 2008 con su carga de malos recuerdos y algunos raros eventos relacionados con el pasado. Justo un día después de conmemorarse el fusilamiento del General Ochoa y otros tres condenados durante la causa Número 1 de 1989, un programa televisivo de Miami exhibió ciertos materiales sobre dos de los principales implicados en aquel evento. El contenido de estas imágenes, tras casi veinte años del famoso sumario, supone una evidencia en detrimento de los sancionados, a favor de su verdugo.
Los videos sacados de Cuba, aparentemente de manera clandestina, pretenden demostrar la vida disoluta que llevaban los hermanos de La Guardia, en especial el gemelo superviviente, actualmente ex carcelado por el régimen. Una de las acusaciones de la fiscalía contra los acusados tenía que ver precisamente con los desafueros sexuales cometidos por ellos en el escenario de guerra angolano, razón que pareciera quedar demostrada en esta filmación hecha por manos desconocidas.
No fue la única sorpresa de la semana. Durante la misma se produjo la detención de Dashell Torralba, emparentada con otro de los defenestrados del castrismo durante el célebre proceso ocurrido a finales de los ochenta. La sobrina del ex ministro Diocles Torralba pasó a ser noticia en el 2002 tras escapar de la isla con un video donde se mostraba a Fidel Castro en un escenario poco conocido. Sin uniforme, vistiendo una especie de pijama, el Comandante aparecía en plena vida hogareña. Algunos quisieron ver en las escenas el lujo que disfruta el dictador. Lejos de ello, la muestra solo permitía observar aspectos sencillos del hombre de gobierno en el entorno familiar. Los nietos jugando alrededor del viejo patriarca. Una botella de vino, cuya marca podía ser la más exquisita o la más barata, sobre la mesa del comedor. La hasta entonces misteriosa esposa, conversaba con hijos y nueras. A su espalda, en la pared de la cocina, colgaba una ristra de ajos. Nada especial a no ser el destape de que Castro tenía una abundante prole. Ni siquiera la residencia, colmaba las expectativas de lo esperado para quien dispone de un país como si fuera su finca privada. Lo visto no se acercaba, ni remotamente, a las marcas palaciegas establecidas por Ceaucescu, Brezniev o tantos poderosos colegas del Comandante.
El aporte de la bella ex novia de Antonio Castro, por cuya exclusividad se pagó una alta suma de dinero, más que perjudicial, resultaba un instrumento que podía adecuarse para reafirmar opiniones favorables al gobernante cubano. Lo peor vino cuando la joven implicó en sus declaraciones a su ex compañero sentimental, auto acusándose de participar junto a este en falsificación de pasaportes y documentos, con los que ganaba una buena tajada sacada de los bolsillos cubanos con capacidad de acceder a esa vía para irse de su país. Nunca hubo evidencias que confirmaran la participación del hijo de Castro. Lo que sí quedó demostrado tras la reciente detención de Dashell, es que ella era diestra en esos menesteres.
Para cerrar la jornada, el mismo espacio que expuso los materiales sobre los desmanes de Tony y Patricio, enfocó la atención sobre el caso de Hilda Molina. El énfasis estuvo puesto en señalar el pasado que pesa sobre la doctora sometida por el régimen castrista a una especie de prisión doméstica. Los testimonios presentados resaltan aquella época en que Molina era una activa colaboradora del sistema comunista, disfrutando del favor de los dioses del olimpo caribeño. Curiosamente este programa parecía reafirmar un reciente escrito en el que Castro acusa a la neurocirujano de mentir sobre las motivaciones de su destitución del CIREN. Según el ex mandatario, ella intentó apropiarse del Centro Internacional que dirigía, una atribución intolerable para el Zeus de Cuba, que castigó la irreverencia con una de sus terribles tronadas.
Pero lo que el Comandante diga de los caídos en desgracia no merece mayor asombro. Lo interesante de todo se encuentra en la manera en que funcionan determinados resortes, disparados en los momentos más convenientes y la repercusión que adquieren en el contexto externo, de donde los efectos de rebote resultan favorables al gobierno totalitario de la Isla.
Es sabido que Hilda Molina, los hermanos La Guardia, el General Ochoa, el ex canciller Robaina, el ex ministro Torralba, los familiares de estos, y tantos de los que se subieron en la parte delantera del carro de la Revolución para caer un día bajo sus ruedas implacables, no eran seres impolutos. Participar de los beneficios que el poder totalitario obsequia a sus fieles seguidores, conlleva a una peligrosa tentación y entraña doble peligro: el costo que hay que abonar por ese favoritismo y las mañas de quien quiere mantener bajo control a sus seguidores más cercanos. Con la misma espada que un día fueron enaltecidos se les decapitó tan pronto rompieron las reglas, o simplemente se hicieron molestos.
Lo que resulta raro en todo este episodio es que al final las revelaciones de los videos indiscretos o el testimonio de los que llegan con sus informaciones inéditas, oportunamente sustraídas, redunden en pro de la dictadura. Y no es que se quiera levantar en un pedestal a los que por entregar el alma al poder terminaron siendo sus víctimas. Los comentarios suscitados a raíz de emitirse estos programas y la detención de Dashell Torralba, parecen confirmar que detrás de la incidencia coincidente de estos hechos hay algo que no es casual. Según el criterio sostenido por muchas personas, Raúl Castro estaba en lo cierto cuando señaló de corruptos a los involucrados en el caso Ochoa. Tampoco se equivocaba su hermano al decir que la Molina era una aprovechada. Y mucho menos respecto a la personalidad de la sobrina de Torralba, quien con sus malas acciones deja caer un velo oscuro sobre la reputación del tío. Videos, pruebas, testimonios y el descubrimiento de un fraude en Miami, todo extrañamente imbricado.